MCMLXI

Desde el patio ascendía -cual chimenea encendida- un teatrillo de voces infantiles tras el cancionero popular. Todo se había iniciado un día 7, acabando el invierno. Mucho después -oculta tras el murmullo del agua- la lectura susurrante del pez divergente: ciencias o letras. Ciencias para subsistir, letras para malvivir.

MGJuárez
sincopadas@gmail.com
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Cal para encalar

 


Al recuperar un correo olvidado, descubrí a una extraña escribiendo con mi nombre. Sus palabras permanecían intactas, encapsuladas bajo el ámbar de la memoria; suspendidas en un tiempo que parecía no haber transcurrido. Me acerqué al espejo que producían y, por un instante, su reflejo ocupó el mío. Intenté indagar más sobre ella, pero el correo sólo me ofrecía miles de entradas acumuladas. Eso si, tenia una certeza inquietante: conocía secretos que yo había olvidado. Finalmente, se me ocurrió mirar en la carpeta de enviados. Justo ahí estaba. Pero, sin recordar haberlo escrito. Era una pregunta. Y seguía esperando respuesta.


Pasea con un 38 europeo




Y hoy las nubes son terciopelo gris mientras el sol caldea la piel de azarosas muchachas de futuro incierto. Mis pies desnudos demandan caricias tenues bajo la luz de este día, preparándose para la cita de hoy que es para alcanzar sueños bajo la asfixiante atmósfera de este tórrido verano.

Schiir البتراء,


foto: JJM

En tu viaje por el desierto descubres estrellas y la desnudez de una luna semejante a tu límpido corazón. Si te pido traduzcas lo que tus brillantes ojos observan te pierdes en la noche recorriendo la sombra oscilante y voluptuosa del horizonte: souvenir de ternura a las puertas de Petra.

Ciber urbanitas




Hombre y mujer presos tras el cristal. Cuando anochece y solo cuando fuera se amortigua la luz, transparenta la oquedad del esqueleto que ninguna vestimenta puede ocultar. Dolor y vacio dibujan la frontera de un maniquí abandonado en una historia no tan ajena que puede ocurrir en cualquier renombrada ciudad.

NOTA (N) ROJA


Acaso parezca diferente, pero no, morir es morirse, en cualquier parte. Aún así, en tu ciudad la existencia se derrama por las calles: pandilleros de disciplina castrense, trasnochados machos -padres de renovada jauría-, mafiosos enquistados para quienes la vida es cero por ciento de nada. Arma de fuego, hoja afilada... un golpe certero y ya está, se fue.
En la metrópoli la muerte es inesperada; parece que no llega nunca, todo es celebrar la vida y su lujosa presencia. Sin embargo un jinete que cabalga de rondalla deja su rastro inerte en cualquier patio de la periferia.

Zum... ¡Zas!

Les pases perdudes/Los pasos perdidos

25 anys sense Espriu
convocatòria de Roser Caño Valls










il·lustració: Maragda Cuscuela
(petites proses blanques, de Salvador Espriu
1ª edició març 1984)


LES PASES PERDUDES.
M’ho diu el silenci, rere les ombres; em crida l’oblit. No es veritat el que es diu. Els estels, -falsament propers als ulls -, amb la seva brillantor efervescent no tenen més intensitat pel petit microcosmos -allunyat e inaccessible- als pobres mortals, insignificants mortals. A on son les passes donades?


LOS PASOS PERDIDOS.
Me lo cuenta el silencio, tras las sombras; me llama el olvido. No es verdad lo que se dice. Las estrellas -falsamente cercanas a los ojos-, con su brillo efervescente no son más intensas para el pequeño microcosmos -alejado e inaccesible- de los pobres mortales, insignificantes mortales. ¿Dónde están los pasos ya dados?

Vaina de mielina


Se había quedado adormilado –acogido por una montaña de papeles-, cuando despertó por un sonido lejano, amortiguado, un chasquido en el silencio que sonaba así: bit, bit, bit... Ya era pasada la media noche; otro día más para la herrumbre de la duda, ese óxido marchito y dañino que es la incertidumbre. Con calambres en los pies, falto de potasio y ya con déficit de mielina, se encontraba ahí varado frente al aparato. Cualquier tarde de las de antes hubiera encontrado en la pantalla la directriz necesaria, esquivando tormentosas circunvalaciones.


Ahora, su vida de cuentista, se perdía por vainas amielínicas.

Acercanza: microesfera de la proximidad

acerzanza, una palabra que tiene la resonancia de la emoción, que a través del espacio La nave de los locos,
Fernando Valls invita a recuperar en nuestros textos.

Gracias, por la oportunidad a participar.


El destino anda suelto. Ordenando el directorio ha encontrado un texto. Ni fecha, ni autoría... Ni tan solo la motivación para archivarlo. Sin embargo, tiene que ser “suyo”.

Él, anónimo autor – ¿acaso sea ella misma cuando habita en otra esfera?-, describe la transitoria acercanza que al leer, anhelante se sueña.

Telarañas

A MJRomero

Vendrá la lluvia a disolver la realidad, lanzando agujas entre bruscas tempestades. Primero, diminutas gotas, -una, otra-, reunidas, batiendo en la baranda del balcón. Las sentirás cercanas, frías, aplacándose la cálida piel de todos los veranos. Y ya no podrás dormir más, imposible volver a los sueños. Después, llegará como dulce rumor, un pequeño y suave chapoteo, tan sutil, como el olor penetrante de una antigua iglesia donde camina de puntillas el miedo.


Los pasos en otro camino, las horas rozando giratorias, las manos vaciando el texto –un text, ple de teranyines esta- y la permanente mirada, sin dolor, sonriendo.

Urbanitas

“Joie de vivre”
Ripollés


Alguna vez me he cruzado contigo, y sin saber quién eres, unos circuitos bien ensamblados han dicho algo, simpático, sorpresivo. En milésimas de segundo ha virado el mensaje y no ha llegado a transformarse en saludo. Curioso sistema este –de circunvalaciones tan perfectas-, que frena velozmente otras velocidades que harían más humana esta urbe.

Cuando paseamos por la calle sorteando cruces y avenidas, huyendo de los surcos asimétricos detallados en el rostro, me doy cuenta que la calle es diferente a nosotros. Ella está llena de controlados ángulos rectos y relucientes líneas paralelas para evitar un encuentro circular y fortuito.

Creo en ti.com

Para J.A.C.

Creo en ti.Com. Porque la verdad es a medias (de los dos), por que la mentira es ajena, por lo sabido que nunca llega, por este tiempo de tanto asfalto poético. Por aquella luz del correo que enciende las arritmias, y sus circuitos hisseados hasta el ápex del alma. Por dejar las palabras mecidas para que las encuentre cuando la deriva me desestabiliza. Por este completo abecedario que inunda el teclado.

Porque nunca tomamos café sino otras delicatessen que me llenan de vida. Porque no hay soberbia, ni ira, ni artilugios mecánicos que cieguen estas cien palabras que te dedico.

Tumulto



Apretada entre la gente*, así se titula el poema. Justo cuando ya se puede decir antesdeayer que decía sobre agobios, ascensores y poemas. Justo hoy, que se desbordaba un río tumultuoso de emociones.

Es posible si, que si surgiera, solitaria, la figura... pero no aquí, entre estas cuatro líneas de pantalla no es suficiente para desbordar todos los mares. ¿O si? Entonces, pudiera ser que de las ciudades desaparezcan las farolas, o de los patios sus luces de medianoche; o, aquel autobús que traspasaba la frontera del barrio, ya no alcance para abrir sus puertas semiautomáticas cuando se hace tarde en la madrugada.

Pudiera ser que no se entienda nada, y perdida entre la gente no alcance el aullido doloroso más que a unas pocas ondas cibernéticas al otro extremo del mundo. Justo donde se tarde más en aparecer la mano consolable.

*ACONTECIMIENTO, de Concha García

Barcino

a F.S.

Es posible describir una ciudad.

Sucia, desalmada, burguesa y acomodada, con mendigos repartidos a racimos por entre sus portales; pero también, luminosa, con la risa desbordada bajo la sombra de los sueños en verano, o con el azul chispeante y sus motitas blancas que salpican la piel si dejas te aborde.

Aquí se puede subir a un tejado y extender los brazos para recoger su cuadrícula y desplegar su arquitectura con la mirada: chimeneas, una catedral, un monumento, un dedo hacia el mar… Incluso, imaginarnos ser un mono blanco subido a una torre para decir nuevamente: ¡tierra a la vista!

Intemperie



Unas ráfagas desiguales rozando las ramas le hizo levantar la mirada para reconocer las tres sombras piadosas que pedían sustento, y la solicita boca que los alimentaba.

En la zona troncal de sus ramas, como instalados en el cruce central de un camino y con la ternura del primer verdor –aún medio desnudos sus jóvenes brazos -, se acunaba un primer nido.

En otro tiempo, y en otro lugar, se enfilaba para dejar pequeños habitáculos, que con esmero construía para alojar estos huéspedes temporales.

Entonces empezó a lloviznar humedeciéndose todo. Ahora no tenía dudas. Sabía estaban preparados para esa destemplanza.

Sobre la candorosa escritura

En contadas ocasiones es que va a donde suena la música y se muerde el polvo hasta la madrugada. Hasta allí se desplaza acechando la ocasión a sus deseos, para que se avive nuevamente la escritura. Como en una hoguera, atiza el fuego con miradas y las palabras revuelven epopeyas incandescentes. El diálogo establecido, de un labio a otro labio, levanta los fantasmas del pasado, y siete jaulas entreabiertas liberan los demonios contenidos.


De las siete, solo en una queda un pecado, diminuto sustantivo que casi ni se atreve a asomar: la pereza. Y entonces, él se levanta y marcha.

¿Te va bien quedar hoy?

El cuentakilómetros rueda en una espiral silenciosa. La ancha y radiante vía no es diagonal que transporta hacia la noche, es la sucesión del tiempo que ahora se proyecta en el horizonte.La ciudad está tranquila, encantadora, silenciosa. ¿Dónde está la gente? Sin manteles de artificio, ni objetos que decoren, a solas con las palabras, ligeras, atrapadas entre el menú evocador de hombres en otra ciudad.


A solas con las palabras, frente a ellas, en un bálsamo infinito, heridas y endulzadas, con los ojos cristalinos, con el verbo entre las piernas, ebrias del lenguaje, borrachas del amor y del olvido.

Aguanieve en las pantallas

Sigue lloviendo, y este frío desde ayer. Todo está tan silencioso, tan ajenos los domicilios unos de otros. Nadie por las aceras. Algún transeúnte solitario, como pesándole las horas ociosas, perdido entre parques de cemento y el helor del asfalto, deambula hasta el callejón, allí donde se acumula el vacío de las almas. Sube las escaleras, el pasamanos metálico es una sangrante hoja afilada por la soledad de los visitantes. Alguien le espera, la tenue luz del interior asoma por una rendija de la ventana. Entra. Sube la temperatura corporal, se resquebraja la desesperación, y cede al impulso primario. Antes de marchar, cierra el libro, como otras veces.

Mientras se descalza, su mirada busca un referente. Todos duermen. Pero él ha vuelto, despierto, y antes de finalizar la sesión, lanza un mail: mañana será un día oscuro, extraño en la madrugada, pesado en las horas; descenderé por las escaleras para no volver.

Sobre uvas y agujas


Para cada Navidad, hacia pestiños y licor de uvas; había que sacarlas del bote de largo cuello con finas agujas de hacer media. Una nube aromática compuesta de estos frutos, del clavo, la canela, el brandy, perfumaba los días, como al abrir los potes de jalea de naranja y limón o vinagre de frambuesas.

O de la perdiz confitada, primero bien cubierta con la sal, la pimienta, el ajo, la cebolla; para días después freírla en una amalgama de manteca, puerros, zanahorias, apio, pimienta, tomillo y laurel.

Enredada entre cacharros de cocina, tarareaba bajito su propia armonía de las esferas.

Sobre cableado y circuitos


- ... lo que no imaginaba es que pusieras una foto así, tan...
- Aps! ¿no? ¿Pero te gusta?
- Bueno, si, pero por qué una foto así, líneas tan frías y acero.
- Hum... tiene su lógica, precisaba de un buen servicio de cable para mis circuitos sincopados, y esa compañia parece solvente, ¿no? Además, me ofrece confianza sus líneas casi imposibles, ¡todo parece tan aséptico!