MCMLXI

Desde el patio ascendía -cual chimenea encendida- un teatrillo de voces infantiles tras el cancionero popular. Todo se había iniciado un día 7, acabando el invierno. Mucho después -oculta tras el murmullo del agua- la lectura susurrante del pez divergente: ciencias o letras. Ciencias para subsistir, letras para malvivir.

MGJuárez
sincopadas@gmail.com
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Cal para encalar

 


Al recuperar un correo olvidado, descubrí a una extraña escribiendo con mi nombre. Sus palabras permanecían intactas, encapsuladas bajo el ámbar de la memoria; suspendidas en un tiempo que parecía no haber transcurrido. Me acerqué al espejo que producían y, por un instante, su reflejo ocupó el mío. Intenté indagar más sobre ella, pero el correo sólo me ofrecía miles de entradas acumuladas. Eso si, tenia una certeza inquietante: conocía secretos que yo había olvidado. Finalmente, se me ocurrió mirar en la carpeta de enviados. Justo ahí estaba. Pero, sin recordar haberlo escrito. Era una pregunta. Y seguía esperando respuesta.


Baby Boomers


Es hoy, -¿es hoy? ¿Es mañana?- ¿cuando se abrirán las puertas de ese club tan celebrado? Dicen, se cuenta, rumorean que se encuentra en una mítica ciudad; que sus habitantes se cuelgan del pasado y forman un nutrido grupo de limitados sueños. Pero yo –que sé que las casas alejadas son así, con ese aurea de fatalismo-, intuyo que al día siguiente todo se disgrega cuando compruebas que todo sigue igual, que no hubo ninguna hecatombe.

Entonces decides –porque empiezas a diseñar un modelo personal y factible de realización-, tu propio compromiso. Cada día te rehaces como un recién nacido.

Oceánida varada en tierra


No había pereza, ni frio, ni nada más relevante que hacer; solo había la cotidianeidad de un lunes, como un martes o miércoles, y aún igual si hubiese sido jueves o viernes de cada semana. Sin contar los sábados o domingos en que se dilatan las horas laborales. A veces se me olvida que todo el tiempo está ocupado por el cansancio y realizo intentos mayestáticos de respiración bajo el agua. ¿Acaso la ballena se olvida de que es un mamífero en el caos del océano? Al parecer, yo sí.

Por ello, las gafas nasales siempre andan cerca del escritorio portátil.

Con fecha de caducidad



Has de saber que marcharé en pocos días, a eso de las doce. Quizás para entonces las campanas revuelen –no por mi viaje-, sino por los luminosos días que vendrán. Gracias por hacer mi equipaje con lluvia de sueños, por rellenarlo de posibilidades y un ramillete de sonrisas.

Desapareceré como si nunca hubiera existido para ti, como si otro país estuviera a la vuelta del tendero, como si me hubiese levantado por un detalle que me faltase en ese día. Ahora ya no me falta nada, ahora todo sobra, inclusive todo el vacio en el cual me dejas tan alegremente.

Miércoles, sopa

Para los soperos del Prat

A veces ocurre que me siento cercana a las personas. Entonces no importa no conocerlas, ni saber qué es poesía, si uno está dentro de la consonante, o tristemente fuera de las cinco vocales, a volandas de nubes sueltas. Sucede que confundo las voces, Pepe tiene la voz de Mariano. Òscar, resulta no ser Pepe. Òscar, tiene la gravedad del tiempo. Ellos, y los cítricos colgados del árbol sincero. Y esto ocurre –lo sé- porque no les conozco, solo mi imaginario produce bestias animadas. Querría escribir cien palabras, cien antojos hasta un parto. Pero no: miércoles, poesía en la sopa.

Sol de membrillo



Asperezas de melocotón. Granada rociada de aguamiel nacarada. Rompe el moscatel en los labios. Bebe. Bebe. Endulza bajo este sol las tardes diseminadas en la longitud exacta de unas mínimas horas, cuando, abierto el cielo huyen los pájaros.


Que el ámbar de la tarde se prolongue entre tus manos, tras tus dedos, tras el papel que es el lienzo de tus cuadros. Que el abecedario se inunde de limones, cáscaras de naranja y de canela en rama. Y con ello vestirse de brisa, mudarse de piel, cambiar de zapatos, atusarse el pelo, dar siempre miles de abrazos. Miles de abrazos.

Tantas horas de un verano


"No podrás impedir que la melancolía sobrevuele sobre tu cabeza,
pero sí trata de lograr que no haga su nido en ella."
Poeta Chino del Siglo XI



Melancólica amiga, te he llevado conmigo durante estos días de verano. Has asistido a mi solaz viaje a lo largo de una calle transitada de gotas azules. Flotaba en la superficie de un sueño, y ahí aparecías siempre. Has compartido mi desayuno –tostadas y mermelada de rosas, café cremoso rociado de vainilla y chocolate-; mis sombreadas horas. Mi asistencia a museos, mi cita a un ciclo de cine. Has presenciado como compartía sobremesa entre amigos. Mi verano de ciudad, ha sido enteramente tuyo. Desde que me dejaste vacía, desde que te llevaste la ilusión, dejándome envuelta en un sutil ninguneo.

Ocho de julio, una ventana abierta

para S.Lencinas


Ocho de julio. Una ventana abierta. Tras ella los mares de la fortuna inundando todas las casas: caracolas en los balcones, ensortijadas redes de espuma por las paredes, viejos piratas en los cuadros; un gran tonel desbordado de papeles dispersos. Bodegón de salitre enmarcado en el recuerdo de la dorada tierra. Casi cincuenta lunas, redondas ellas, plenas de sortilegio y brumas -crece y crece la noche infinita-, se deslizan hacia el cielo. Todas ellas, dispersadas, agrietadas por el tiempo, inundan la bóveda con su órbita de sueños.


Aquí abajo, en la profundidad de los mares, para cada luna, un año de recuerdo.

Fleur du mar


Ayer en el cruce de estanterías hallé tu voz dulce y apaciguada, con ese acento de la ribera –de Rosario- volviste a anunciarme. Tu ex vendrá dentro de unos días para quedarse un mes. Es el tiempo que te das para tomar una determinación. Y te lo dije: no hay Reinas en este mundo, hay esclavas de un propio reinado.
A primera hora de la tarde, llamé a una amiga. Dormitaba en San Pol, quemando su cuerpo para así destruir todas las capas en las cuales la habían encerrado. Hasta que se encuentre pasará un tiempo.
Y a la noche, observo a otra mujer que se castiga ausentándose del mundo tras la declamación a voces de su silencio.
Cada día conozco más mujeres que son ex de alguien, que se comportan como ex de alguien, que siguen siendo la ex de alguien que no es nadie, que este nadie, nunca se comportó como alguien.
Quisiera encontrarme con mujeres únicas, amigas de sus amigos varones, dispuestas a compartir, a sonreír, a no mendigar caricias ni palabras nobles.

¡Qué oscuras dependencias las ligaduras emocionales!

Mediterráneo en abril

Para I.C.

El buque no sabe que contiene en su interior. Esa ballena no ha engullido tu presencia aún, no sabe de tu porte, de tu pelo alisado, y esa cicatriz en la mirada que destella en la almendrada de tus ojos. ¿Cuántas horas llevas ya en el horizonte? ¿Cuántos libros habrás abierto adentrándote en su tesoro? ¿Cuantos pasos en la cubierta, al abrigo de las palabras que crecen en su interior?

No puedo dejar de imaginarte esperando el cántico que atraviesa los sentidos, y en esas mieles que se esperan, mi temor será que Neptuno cierre el mar para tus ensoñaciones.

Escaparate


para J.A.C.

Internet es chocolate dulce y amargo, glorifica las palabras o te sumerge en abismos oscuros de mudez o en ataduras emocionales provocadas por cierto carácter teatral. Salir ilesa de las redes es casi una heroicidad y por ello, porque no me considero ni víctima ni heroica, creo puedo sonreír aún. Ya solo me deslizo por entre las letras y sonrío, sonrío mucho; es más satisfactorio leer, escribir, dialogar.

Compartir se puede convertir en un ejercicio vital de escritura donde la amistad no se halle forzada. Dar, recibir. Nada más. Esta tranquilidad compartida es el obsequio de la amistad.

Bon voyage!

Ariadna






para Ariadna
ilustración: DrKrauel


Yo sé no escribes, es decir, no lo haces en el papel o en la pantalla, esa que nunca anda quieta. Y también sé, donde se esconden los poemas, porque mientras decrece la luna y sus prodigios, una alborada de luz abre los ojos: Ariadna, ovillada en vuestras manos, aguarda la complaciente lactancia que caiga a su recién estrenada boca.

Mientras la espera el mundo, indolente y caprichoso a la puerta de su escuela, abrigarás sus pies, sus manos, su cuerpecito de toda violencia. Y es en este tiempo detenido, tenue luz, que se reconoce la brevedad de las horas.

A veces llegan cartas

a R.B.
A veces llegan cartas con el tiempo detenido. Los correos de ahora ya no traen el perfume del papel, ni el color de los sobres apagados, ni la tinta derramada con avidez. Las cartas de ahora –y más que nunca-, llevan la fuerza de las palabras, impregnadas ahora de las notas emocionadas de su autor. Con ellas se alcanza la fuerza necesaria, cobra vida un acento, una coma, un respiro o quizás ese suspiro de un pensamiento. Se derraman de la fuente unas letras con formato especial, un agua transparente, indolora y curativa con aroma de primavera que se acerca sin contención.


Tras la cortina de los verbos aún no consumados, viene la continuidad de la amigable esperanza. Ya huelo el café recién tostado, ya sé del silencio y las manos apaciguadas. El texto espera, vendrá una luz nueva a renovarlo.

Tempus fugit

¿Cuánto queda?, me preguntabas a cada instante. ¿Cuanto quieres?, replicaba yo. Porque todo se reducía a eso, a saber realmente cuanto tiempo querías quedase. Y a veces, muchas veces, me parecía que la eternidad estaba muy cerca, al alcance de mis dedos nerviosos, repiqueteantes en la mesa, respondiendo a los mismos latidos anhelantes que nunca, nunca asomaban por mis labios. Solo una perceptible sonrisa, relajada mueca de consentimiento y adoración.


¿Cuánto queda? repetías. Ni lo supe entonces, ni lo he sabido después. Solo sé lo que sí quedó depositado en un espacio virtual de memoria, las notas de una sinfonía que al oírla nuevamente, baten dos manetas sobre un oscuro telar curtido por el pasado.

Bóbila literaria

Jugábamos muy cerca de la fábrica de tochanas que quedaba entonces en un torrente natural de la zona: era una bóbila. Alguna vez habíamos aprovechado la salida de los camiones –dejaban las puertas abiertas-, colándonos en el recinto, bajando hasta las grandes naves donde se amontonaban los envíos. Ahí siempre había "material" para nuestros juegos: restos de ladrillos para jugar a las casitas, paredes de una sola alzada, habitaciones sin puertas y cocinitas.


El atrezzo a nuestras historias infantiles lo componían muñequitos de trapo, labores que nos regalaban unas manos maternales. Entre juegos, desde una bóbila literaria, se reescribían historias.

Nocturno en clave de dos

Quizás estés de viaje, con la familia, con los amigos, no sé... hace mucho que no te escribo y tú tampoco, es el poco tiempo ¿verdad? La agenda completa, estas prisas y la engorrosa distancia que todo lo alarga irremediablemente. A todo esto, ¿cómo estas? ¿Volviste alguna vez? Y los proyectos, y ¿la salud? Se acaban los días, se suceden las horas, se exprimen los segundos de cada minuto en que no apareces para acompañarme de la mano. Es la acidez de los frutos despojados de sus gajos; la misma acidez que se evapora en cada halo, de mi expiración.

Sobre circunvalaciones y enseñanza

Mi querido pueblo, mi querida casa, mi querido sitio sin nombre ni ubicación. Así adosadas y unidas por el tiempo el pasado se adhiere a vuestras paredes húmedas, donde un cableado débil recibía la señal en blanco y negro, y con la Saga de los Forsyte se abría el drama cotidiano de nuestras vidas paralelas.

De un domicilio a otro, el vibrante cuchicheo de la infancia, cuando íbamos -manuscrito de escritura en mano- a recogernos bajo la voz cálida de nuestro maestro. Allí, otro cableado –si cabe aún más frágil- se conectaba a la cultura. Circunvalaciones ovilladas hacia el criterio.