Cal para encalar
Baby Boomers

Entonces decides –porque empiezas a diseñar un modelo personal y factible de realización-, tu propio compromiso. Cada día te rehaces como un recién nacido.
Oceánida varada en tierra

Por ello, las gafas nasales siempre andan cerca del escritorio portátil.
Con fecha de caducidad

Desapareceré como si nunca hubiera existido para ti, como si otro país estuviera a la vuelta del tendero, como si me hubiese levantado por un detalle que me faltase en ese día. Ahora ya no me falta nada, ahora todo sobra, inclusive todo el vacio en el cual me dejas tan alegremente.
Miércoles, sopa
Sol de membrillo

Asperezas de melocotón. Granada rociada de aguamiel nacarada. Rompe el moscatel en los labios. Bebe. Bebe. Endulza bajo este sol las tardes diseminadas en la longitud exacta de unas mínimas horas, cuando, abierto el cielo huyen los pájaros.
Que el ámbar de la tarde se prolongue entre tus manos, tras tus dedos, tras el papel que es el lienzo de tus cuadros. Que el abecedario se inunde de limones, cáscaras de naranja y de canela en rama. Y con ello vestirse de brisa, mudarse de piel, cambiar de zapatos, atusarse el pelo, dar siempre miles de abrazos. Miles de abrazos.
Tantas horas de un verano

"No podrás impedir que la melancolía sobrevuele sobre tu cabeza,
pero sí trata de lograr que no haga su nido en ella."
Poeta Chino del Siglo XI
Melancólica amiga, te he llevado conmigo durante estos días de verano. Has asistido a mi solaz viaje a lo largo de una calle transitada de gotas azules. Flotaba en la superficie de un sueño, y ahí aparecías siempre. Has compartido mi desayuno –tostadas y mermelada de rosas, café cremoso rociado de vainilla y chocolate-; mis sombreadas horas. Mi asistencia a museos, mi cita a un ciclo de cine. Has presenciado como compartía sobremesa entre amigos. Mi verano de ciudad, ha sido enteramente tuyo. Desde que me dejaste vacía, desde que te llevaste la ilusión, dejándome envuelta en un sutil ninguneo.
Ocho de julio, una ventana abierta
Fleur du mar

Mediterráneo en abril
El buque no sabe que contiene en su interior. Esa ballena no ha engullido tu presencia aún, no sabe de tu porte, de tu pelo alisado, y esa cicatriz en la mirada que destella en la almendrada de tus ojos. ¿Cuántas horas llevas ya en el horizonte? ¿Cuántos libros habrás abierto adentrándote en su tesoro? ¿Cuantos pasos en la cubierta, al abrigo de las palabras que crecen en su interior?
No puedo dejar de imaginarte esperando el cántico que atraviesa los sentidos, y en esas mieles que se esperan, mi temor será que Neptuno cierre el mar para tus ensoñaciones.
Escaparate

Compartir se puede convertir en un ejercicio vital de escritura donde la amistad no se halle forzada. Dar, recibir. Nada más. Esta tranquilidad compartida es el obsequio de la amistad.
Bon voyage!
Ariadna

para Ariadna
ilustración: DrKrauel
Yo sé no escribes, es decir, no lo haces en el papel o en la pantalla, esa que nunca anda quieta. Y también sé, donde se esconden los poemas, porque mientras decrece la luna y sus prodigios, una alborada de luz abre los ojos: Ariadna, ovillada en vuestras manos, aguarda la complaciente lactancia que caiga a su recién estrenada boca.
Mientras la espera el mundo, indolente y caprichoso a la puerta de su escuela, abrigarás sus pies, sus manos, su cuerpecito de toda violencia. Y es en este tiempo detenido, tenue luz, que se reconoce la brevedad de las horas.
A veces llegan cartas
a R.B.Tras la cortina de los verbos aún no consumados, viene la continuidad de la amigable esperanza. Ya huelo el café recién tostado, ya sé del silencio y las manos apaciguadas. El texto espera, vendrá una luz nueva a renovarlo.
Tempus fugit
Bóbila literaria
Jugábamos muy cerca de la fábrica de tochanas que quedaba entonces en un torrente natural de la zona: era una bóbila. Alguna vez habíamos aprovechado la salida de los camiones –dejaban las puertas abiertas-, colándonos en el recinto, bajando hasta las grandes naves donde se amontonaban los envíos. Ahí siempre había "material" para nuestros juegos: restos de ladrillos para jugar a las casitas, paredes de una sola alzada, habitaciones sin puertas y cocinitas.El atrezzo a nuestras historias infantiles lo componían muñequitos de trapo, labores que nos regalaban unas manos maternales. Entre juegos, desde una bóbila literaria, se reescribían historias.
Nocturno en clave de dos
Quizás estés de viaje, con la familia, con los amigos, no sé... hace mucho que no te escribo y tú tampoco, es el poco tiempo ¿verdad? La agenda completa, estas prisas y la engorrosa distancia que todo lo alarga irremediablemente. A todo esto, ¿cómo estas? ¿Volviste alguna vez? Y los proyectos, y ¿la salud? Se acaban los días, se suceden las horas, se exprimen los segundos de cada minuto en que no apareces para acompañarme de la mano. Es la acidez de los frutos despojados de sus gajos; la misma acidez que se evapora en cada halo, de mi expiración.Sobre circunvalaciones y enseñanza
Mi querido pueblo, mi querida casa, mi querido sitio sin nombre ni ubicación. Así adosadas y unidas por el tiempo el pasado se adhiere a vuestras paredes húmedas, donde un cableado débil recibía la señal en blanco y negro, y con la Saga de los Forsyte se abría el drama cotidiano de nuestras vidas paralelas.De un domicilio a otro, el vibrante cuchicheo de la infancia, cuando íbamos -manuscrito de escritura en mano- a recogernos bajo la voz cálida de nuestro maestro. Allí, otro cableado –si cabe aún más frágil- se conectaba a la cultura. Circunvalaciones ovilladas hacia el criterio.
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