MCMLXI

Desde el patio ascendía -cual chimenea encendida- un teatrillo de voces infantiles tras el cancionero popular. Todo se había iniciado un día 7, acabando el invierno. Mucho después -oculta tras el murmullo del agua- la lectura susurrante del pez divergente: ciencias o letras. Ciencias para subsistir, letras para malvivir.

MGJuárez
sincopadas@gmail.com

La raíz cuadrada de un latido



Durante su infancia, cada una de las mañanas escolares se levantaba con un gimnasta: uno-uno, uno-dos, uno-tres... uno-¡ALTO! Oírle era asearse, vestirse, y tras calzarse los zapatos beber rápidamente un vaso de lácteo radiofónico; la otra, la de verdad se presentaba en unas bolsas blanditas, como la ubre de una vaca urbana. Desconocía como era una vaca de las de verdad, pero de tantos libros que caían en sus manos iba aprendiendo lo que no alcanzaba con la rutina diaria.

Cierto día de enjundiosa osadía, tuvo su primer latido juicioso. Toda la clase sufría el mismo castigo escolar: nadie tenía permiso para marchar. En el aula iba aumentado la temperatura ambiental debido a que desde sus cuerpecitos se emitía un vaporoso exudado de cansancio e ira. Observaba la carota encendida de algún compañero, o la palidez cérea de aquel otro. Todos iban minando en su rostro la sinrazón de la reprimenda del profesor.

Y se levantó. Se dirigió a su bien amado profe, y suavemente planteó su reclamación, incluso aportó un dato objetivable, el empañado de los ventanales que iban recogiendo el halo espiratorio de cada uno de los alumnos. Este se la quedó mirando. Y despertó: pueden volar libremente.

6 comentarios:

hugo dijo...

Hola Montse:
Es muy interesante ese tratamiento que le das a la rutina con el punto de vista situado siempre en el niño/ña. Desde el despertar hasta el reclamo. El castigo del profesor no deja de ser una alteración de la rutina infantil. "El dato objetivable" se convierte en el "dato desencadenante" que le devuelve a la rutina el protagonismo que cualquier crío reivindica -"no está permitido" cambiarle a los cuentos un final conocido-. Con la madurez cambiamos la seguridad de la rutina por la angustia del devenir. Sí, también es cierto que más de uno creía, cree y creerá que la madurez es la seguridad de las rutinas inalterables...y así les va, mirando la vida trás un vidrio empañado...por las dudas no ofendamos al profesor/poder.

André Bretón decía siempre que prefería a "los ciento volando" que al "pájaro en mano". Quizá todo pasa por atreverse a tener conciencia de la libertad, o no.

salut
chau
hugo

vidapervida dijo...

Feia tant de temps que no tenia temps que m'havia perdut la possibilitat de fer-te comentaris en públic. Fantàstica iniciativa. Enhorabona!

MGJuárez dijo...

Esta es una pequeña historia personal, que como bien puedes imaginar, de hace muchísimo tiempo. El profesor ya está jubilado, y entre los dos había una relación realmente fraternal a pesar de mi corta edad -yo hacía entonces 5ºEGB-; y es una de los recuerdos más claros y definidos que tengo. Hay figuras humanas que nunca se han de borrar de la memoria emocional.

El final para esta anécdota parecía no llegaba nunca, y como nadie lo hacia, tuve que hacer eso -quizás también por la complicidad que había entre los dos-, y reclamé un poco de "oxígeno" ante tanta insensatez. Los profesores también tienen un mal día.

Un gran abrazo,
Montse.

MGJuárez dijo...

Gràcies Rosa. Tu saps de les meves pors. Però bé, m'agrada parlar-ne i evidentment que no a tothom pot agradar el que escric -ho sé de fa molt de temps-, però vosaltres sou uns interlocutors que doneu sempre molt més del que jo digui amb el qu'escric, i em remet als vostres correus. Això no té preu per a mi.

Una forta abraçada,
Montse.

Xocas dijo...

Ni que me estuviera viendo. Pero , eso sí, aquella gente no levantaba castigos ni a la hora de despertar. De hecho no se dormían. La mala leche... ;))

apertas

MGJuárez dijo...

Jajajaa... Xocas, yo tuve suerte, mucha suerte. Mis primeros libros me los regaló este profe, la primera biblioteca fue la de la clase, la cual desde cursos anteriores fue iniciando, incluso -diría yo-, mis primeros textos fueron los que escribía en un diario que nos íbamos pasando cada semana de unos a otros, allí relatábamos como eran nuestras vidas. De esta anécdota no recuerdo la causa del castigo, pero había ese espacio de acercamiento y aproveché para manifestarme.

Uma forta aperta!
Montse.