Al recuperar un correo olvidado, descubrí a una extraña escribiendo con mi nombre. Sus palabras permanecían intactas, encapsuladas bajo el ámbar de la memoria; suspendidas en un tiempo que parecía no haber transcurrido. Me acerqué al espejo que producían y, por un instante, su reflejo ocupó el mío. Intenté indagar más sobre ella, pero el correo sólo me ofrecía miles de entradas acumuladas. Eso si, tenia una certeza inquietante: conocía secretos que yo había olvidado. Finalmente, se me ocurrió mirar en la carpeta de enviados. Justo ahí estaba. Pero, sin recordar haberlo escrito. Era una pregunta. Y seguía esperando respuesta.
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2 comentarios:
Un gusto leerte de nuevo. Somos menos, yo posteo de vez en cuando, pero este medio lo prefiero a las redes. Me alegra encontrarte por aquí.
¡Hola Isabel! Es cierto, "aquí" se respira algo de paz y se viene a leer. En marzo tuve la oportunidad de volver a la escritura y recientemente, a un curso en el Àteneu Barcelonés. Hay muchos espacios donde seguir aprendiendo y recibir el estímulo constante. La vida profesional te lleva por otro camino, pero la necesidad de escribir siempre está ahí, latente. ¡Nos leemos!
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