MCMLXI

Desde el patio ascendía -cual chimenea encendida- un teatrillo de voces infantiles tras el cancionero popular. Todo se había iniciado un día 7, acabando el invierno. Mucho después -oculta tras el murmullo del agua- la lectura susurrante del pez divergente: ciencias o letras. Ciencias para subsistir, letras para malvivir.

MGJuárez
sincopadas@gmail.com

Vaina de mielina


Se había quedado adormilado –acogido por una montaña de papeles-, cuando despertó por un sonido lejano, amortiguado, un chasquido en el silencio que sonaba así: bit, bit, bit... Ya era pasada la media noche; otro día más para la herrumbre de la duda, ese óxido marchito y dañino que es la incertidumbre. Con calambres en los pies, falto de potasio y ya con déficit de mielina, se encontraba ahí varado frente al aparato. Cualquier tarde de las de antes hubiera encontrado en la pantalla la directriz necesaria, esquivando tormentosas circunvalaciones.


Ahora, su vida de cuentista, se perdía por vainas amielínicas.

8 comentarios:

Antonio Castellón dijo...

Hola, MG.

Por un momento, según te leía, he creído verme a mí mismo ante el ordenador, en una de estas largas noches.
No sé cuál es mi nivel de lipoproteínas, pero seguro que estoy falto de potasio.

Gracias por el texto, un abrazo.

MGJuárez dijo...

Hola Antonio.
Dejando aparte el uso/abuso del pc, saliéndose de la dosis saludable... -ya que cualquier consulta que haces te lleva a tantos mundos que es inabarcable la cantidad de información recibida-, no sé dónde queda ya la intimidad para escribir, si nos acogemos a la posibilidad de compartir nuestros textos nada más salen a la luz. Siempre he pensado para ellos un tiempo de reflexión, y así ha sido hasta hace poco. Pero una vez abres los comentarios, tengo miedo de caer en una espiral de escritos que no hayan tenido el tiempo suficiente de reposo.

Dicen así son los blogs. Pero bueno, los hay de todo tipo. Para quienes tenemos interés en escribir, las nuevas tecnologías nos ayudan mucho, desde la difusión de lo que escribimos hasta el poder comentar/discutir/razonar y reflexionar sobre la escritura.

Por ello agradezco esta comunicación tan necesaria, aunque sea un hábito que me cueste un poco, debido a la limitación del tiempo.

Un gran abrazo,
Montse.

¡Ups! cualquier zumo de frutas contiene la cantidad suficiente de potasio para un desgaste diario. En cuanto a las lipoproteínas... mejor realizar ejercicio físico diario, así no se produce el anquilosamiento neuronal. No sé dónde leí en la red que escribir libros previene el Alzheimer evitando el anquilosamiento neuronal... lo que no sé yo si para las siguientes generaciones no se habrá producido ya un aplastamiento vertebral incorregible... pero todo esto ya es otro tema de debate ¡cosas!

alfaro dijo...

Ay, mi mesa: papeles, bolis, alguna foto de mi hijo... rodeada, pero no por enemigos afortunadamente,
afortunados los que cuentan cuentos porque nunca se aburrirán y se divertirán mucho, en cambio yo nunca he escrito ninguno, me los cuento y no los escribo, deben perderseme por las vaina amiélinicas, que encantada de verlas escritas hoy, que no se me esacapen.
Gracias por todo.
Un abrazo.

MGJuárez dijo...

A mí me contaban historias -cuentos varios desde la cocina-, mi madre mientras desvainaba las legumbres, esos guisantes o habas temporales; o mientras deshojaba alcachofas tiernas que ofrecía a nuestras bocas dulces. Otras, aprovechaba la tarde lúgubre para ofrecernos el recogimiento de sus brazos tras una historia breve, pero terrorífica, de esas que suceden en todas las poblaciones distanciadas entre largos caminos solitarios. También cantaba –su voz tenue tenía el timbre de los asmáticos-, y dejaba arrastras esos pitos inconfundibles en cada final. Su cocina era el centro de todo un universo de aprendizaje y misterio. Nunca nos aburrimos, no. Mi madre nos lo contaba y tampoco nunca los escribía. Su oralidad era aún más eterna. Seguro tus cuentos están ahí, escrito entre vainas bien armadas, bien sujetas a todo un enjambre de conexiones bien ensambladas. De ahí la ciudad que construyes, ese lugar no tan lejano de nuestro corazón.

No tienes que agradecer nada; compartimos, que ya es mucho.
Un fuerte abrazo,
Montse.

Isabel chiara dijo...

Es saludable esta comunicación, aunque la mielina ruede por donde no debe y el potasio haya encontrado otro tecleador. El bit bit lo conozco, sobre todo, cuando tengo urgencias por escribir y no conecto el portátil. A veces me pasó que estaba tan confiada que se apagó solo y perdí parte del trabajo.

Me gusta eso de la reflexión y la necesidad vitamínica para afrontar la pantallita, aunque a veces pienso que lo ideal sería un software telepático.

Un besote

MGJuárez dijo...

¡Eyy! Isabel,todo llegará, de hecho ya hay un software cardíaco, es decir, un dispositivo interno que permite la realización posterior de técnicas diagnosticas por imagen, como es la RNM.

En cuanto al telepático, yo ya intuyo toda la alegria que tienes, a mi siempre me transmites eso, una enorme alegria.

Un gran besote, ¡si!
Montse.

alfaro dijo...

Desde luego hay comentarios que merecen ser entradas,nunca había oído lo de las habas temporales,
los guisantes en asturiano, arbeyos y de ahí arbejos, y luego hay fabas de mayo, grandes y verdes, y una vez cocidas marrones...
Cuánto ha cambiado la vida de los asmáticos, hoy afortunadamente ya no tenemos pitidos, mira qué nombre más precioso, qué bien suena: seretide...
es para el asma, acaba con los pitidos más fuertes.
Me encanta la tecnología, se forman redes que paran algunas caídas.
Hoy ha sido un viernes feliz, había ojos en la vida, miradas más clavadas en el horizonte, voces más llenas de vida, y me he sentido feliz al sentirlos a ellos felices.
Un abrazo.

MGJuárez dijo...

¡Cómo me alegra lo del viernes feliz!, entiendo han habido momentos esperanzadores desde una isla.

También me complacen esas palabras nuevas a mis oídos ansiosos. Me encantan oir esas voces que tienen la sonoridad del lenguaje que me es desconocido. Entonces todo adquiere otro sentido, se diría que es el color de las palabras.

Un gran abrazo mi querida amiga.
Montse.